El derecho a
la vida y a la salud es un derecho básico del ser humano no sujeto,
en principio, a negociación ni subordinado a intereses particulares.
Atentar contra este derecho se considera un acto criminal.
Sin embargo,
en el ámbito del trabajo se actúa, a veces, al margen de
este principio y se colocan los intereses económicos por encima
del derecho a la salud. Así se hace cuando se opta por pagar un
plus o una sanción económica en vez de implantar medidas
de prevención contra los riesgos.
También,
cuando se pretande mejorar la competitividad a costa de reducir la inversión
en salud y seguridad. O cuando se supedita la salud laboral a lo que sea
"razonable y factible" desde el punto de vista empresarial.
La reciente ley
de Prevención de Riesgos Laborales pretende ser un instrumento para
hacer efectivo el derecho a la salud en el tabajo. Pero las leyes no son
suficientes. Hay que cambiar, además, la mentalidad. Los trabajadores/as
deben rechazar cualquier forma de intercambio de salud por dinero. Los
empresarios, por su parte, debe considerar la salud laboral no como una
cuestión de altruismo sino como un derecho del trabajador/a que
debe formar parte integrante de la gestión empresarial.
Los sindicatos
debemos exigir el cumplimiento de las leyes pero, además, estimular
y apoyar estos cambios de sensibilidad social. |
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