En el mundo se está viviendo
un profundo cambio que para los trabajadores no implica solamente innovaciones
en el campo tecnológico sino también mutaciones en lo político
y lo socioeconómico.
Por un lado se asiste a una reconversión
productiva con la incorporación de nuevas tecnologías, una
distribución distinta de las fuerzas productivas, con un paralelo
crecimiento del sector informal o no estructurado de la economía.
Por otro se divisa un abandono de los
roles tradicionales del Estado. De esta forma, va dejando de ser el gran
empleador, va restringiendo su papel de redistribuidor social y va abandonando
su intervención en las relaciones laborales.
Esta última caracterización
es acompañada de normas que tienden a dar mayor flexibilidad a los
empleadores, tanto para la contratación del personal como para su
despido. Es decir que estamos asistiendo a una precarización del
empleo.
Todo esto se da en un marco de internacionalización
de la economía y de acendrada división internacional del
trabajo.
Los cambios políticos en el
Este europeo y la crisis de su modelo se suman para presentar un panorama
muy complejo.
Este es el mundo real en el cual le
toca actuar a los sindicatos, quienes, a su vez, se encuentran en un momento
caracterizado, en general, por bajas tasas de afiliación y en oportunidades
sufriendo procesos de desafiliación. Por otra parle es evidente
una cierta desmovilización del sector de los trabajadores. No porque
los problemas sean menores, sino porque se pone en duda la eficacia de
las medidas para enfrentarlos.
Pese a esto los sindicatos tienen voz
e influencia, pero el panorama parece exigirles el desarrollo de nuevas
tácticas y estrategias.
La negociación colectiva, instrumento
con la plasticidad suficiente para ello, va mostrando el desarrollo de
nuevos caminos. No se restringe al salario, sino que se va ampliando al
conjunto de las condiciones de trabajo. El estudio de lo que está
sucediendo con ella, en distintos países, muestra que el tratamiento
de los aspectos que hacen a la salud de los trabajadores comienza a tomar
un espacio de importancia en este proceso.
Seguramente los sindicatos emergerán
de la situación actual respondiendo a su razón de ser, la
defensa de los intereses de los trabajadores, pero adecuando sus estructuras
y diversificando sus acciones. En ese camino, afrontar con un peso definido
la salud de los trabajadores pareciera esencial.
Sin embargo, esto no ha de suceder
solamente por una necesidad de nuevas formas de intervención, las
heroicas luchas de los trabajadores por la jornada de 8 horas forman parte
de la tradición sindical en la tutela de la salud de los trabajadores.
Por otra parte los efectos de las malas
condiciones de trabajo sobre los trabajadores están mostrando que
es menester refrescar el contenido ético del trabajo. Un trabajador
alquila su fuerza de trabajo, no puede de ninguna forma estar vendiendo
su salud en el mismo acto. No obstante 200.000 muertos por accidentes de
trabajo cada año, en el mundo, están mostrando que es necesario.
No habrá modificación
de esta realidad sin intervención sindical y sin una profunda modificación
cultural sobre el tema en la población general.
Pero la situación actual parece
no dar lugar a una intervención sindical fundamentada en la sola
presentación de una plataforma reivindicativa. La plataforma es
un paso indispensable, pero ha de sustentarse, a nuestro parecer, en elementos
muy sólidos. La etapa actual parece necesitar, para operar con posibilidades
de éxito, de estudio, reflexión e investigación. No
estamos prohijando de esta forma que el sindicato asuma una suerte de cientificismo
que se tilde aséptico. Creemos que el cientificismo es la mistificación
de la ciencia y que ésta ha sido utilizada, a lo largo de la historia,
con distintas intencionalidades.
Estamos hablando de crear un espacio
donde los sindicatos puedan lograr que las herramientas científico-técnicas
se pongan al servicio de la salud de los trabajadores.
Fragmento del prologo del libro Acerca
de la Salud de los Trabajadores, publicado por la
C.S. de CC.OO. de: Carlos Aníbal Rodríguez, experto
en Medicina del Trabajo de reconocido prestigio internacional, fue Director
Nacional de Higiene y Seguridad en el Trabajo del Gobierno de Argentina,
entre 1984 y 1989. Profesor titular de Condiciones y Medio Ambiente de
Trabajo en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos
Aires y consultor de la O.I.T..
Para muchos prevencionistas, toxicólogos,
epidemiológos y sindicalistas, ha sido una referencia y un maestro
durante sus estancias en España.
Asi, queremos rendir un pequeño
homenaje utilizando sus palabras como introducción a esta pagina
Web, dedicada, con un objetivo claro, a mejorar las condiciones de trabajo
del conjunto de trabajadores y trabajadoras.
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